martes, 20 de agosto de 2013

AUDITORIA 2003-2009 LA CASITA DE PAPEL DE ORO (A vueltas con los papeles del camión)

Auditoria 2003-2009 (II)

Tercera Pagina prosigue con el desglose de temas que aparecen en la Auditoria del 2003-2009. Este de hoy se refiere al nuevo ayuntamiento.
 




Paseando por los aledaños del parque de L'Aigüera hace unos días, recordaba lo que dije en un Pleno del Consejo Vecinal: Nuestro Ayuntamiento se parece cada vez más al “Tren de la Bruja”, cuando accedes a él recibes una soberana paliza entre sustos y escobazos, y por si faltaba algo has de pagar. Creo que estaba y estoy en lo cierto porque recordará el lector que una pasada Navidad se instaló junto a la entrada un Tren de la Bruja y frecuentemente resultaba difícil distinguir si el tren era AVE, Cercanías, TRAM, de La Bruja o Ayuntamiento. Como decía, paseando por el parque entre mis recuerdos, me vi envuelto en una plácida nube de bemoles, corcheas, semicorcheas y claves de Sol. Sonaba entre los árboles, sobre el deteriorado pavimento antaño fermoso, una antigua canción con estrofas actualizadas que decía:

Encima de l'Aigüera tengo un nido
y pasa un barranco bajo de el,
su parking es el más caro de Europa
y ha sido construido dentro de el.

Está tumbado al sol de nuestra playa
hay gaviotas,  claveles y enchufados,
hay archivos y cuadros por doquier
y pagaremos una fortuna por el.

¡Que felices seremos los dos!
y que bien vamos a gobernar,
subiremos impuestos y tasas
y los vecinos se callarán
y los vecinos lo pagarán.
Pagarán...

Nada, y al son de esta conocida melodía de antaño seguimos viviendo o mejor dicho malviviendo, excepto unos pocos, que por lo que dice la canción siguen felices en su “Casita de Papel”, de Papel de Oro, nuestro Ayuntamiento.

Y ¿qué vamos a hacer? Pues eso, comentar con cifras alguna de las estrofas de nuestra canción vecinal y comprobar una vez más el deterioro de nuestros esquilmados y paupérrimos bolsillos. A fin de cuentas, hay cosas que con música entran mejor, porque de no ser así...

Seguimos rebuscando entre los “papeles perdidos o escondidos (no sabemos) del camión” y una vez más haciendo historia de su faraónico derroche y despilfarro en La Casita de Papel de Oro. Comenzó el proyecto un 24 de Marzo del 2.000. El Pleno aprobó el proyecto básico de ejecución, dirección y construcción, en noviembre del mismo año por un precio de 1.800.000,00 € y el contrato fue aprobado tras concurso público a la UTE formada por Estructuras y Cimientos Insulares, S.A. y Dragados, Obras y Construcciones, S.A. La ejecución de la obra fue aprobada por un importe de 10.900.000,00 €. En esta ejecución no estaba previsto el desplome de techos ni las múltiples goteras que acontecieron.

Como vamos a lo que interesa, la pela de unos y la felicidad de otros, soslayamos cualquier incidencia que no influya en nuestro objetivo. En otras palabras vamos a ver como partiendo de un precio base se alcanza sin esfuerzo y con valentía la cima del despropósito, del disparate y del desatino. Cual agente de tráfico revisemos los papeles del camión. Esta vez cambiaremos el término ampliación por el de modificación que ¡oh casualidad! riman con comisión y con camión. Bien, ya lo sé, también riman con otras palabras con similar terminación, lo que no supone similar significado, pero que por ahora dejamos a la imaginación del lector su conveniente aplicación.

Una primera modificación del contrato surge en marzo el año 2.003, aprobando el Pleno un gasto de 5.700.000,00 €. Al año siguiente aprueban en marzo una nueva modificación, por importe de 2.200.000,00 € y en mayo otra modificación -como no- que alcanza los 2.000.000,00 €. En julio del año 2.005 inician una “revisión de precios” (son los mismos perros pero con diferentes collares) que aprueban en noviembre y se ratifica por el Pleno en enero del año 2.007 sin determinar el importe, cuantía o variación de los precios a modificar. ¡Papá es rico y pagan los vecinos que como es costumbre no se enteran! aunque más tarde o más pronto se enterarán y pagarán.

Vamos bien. De un costo inicial de aproximadamente 11 millones de euros, en cuatro años hemos alcanzado los 21 millones de euros, lo que supone un incremento mínimo del 96 %. Deducción: O los técnicos que elaboraron el proyecto original andaban francamente flojos en Cálculo y Proyectos de Obra, o el Pleno municipal disparaba con pólvora de Rey, o ambas cosas simultáneamente, pero eso sí: Técnicos, Pleno y pólvora pagados por los vecinos y que sin querer -queriendo- son los famosos cuatro pilares de nuestro emblemático, pionero, avanzado y representativo edificio de 100 metros de longitud, tumbados al sol sobre un barranco.

Aducir que se cambiaron calidades, tabiques, accesos, medios técnicos, etc. y por ello hubo que modificar lo proyectado, no deja de tener un carácter meramente pueril y trivial, porque si sobre el sufrido papel y la sufrida mesa de trabajo de los técnicos, estos no son capaces de prever conforme a la funcionalidad del novedoso edificio los costes, ¿para qué queremos a los técnicos? ¿trabajaban a ojo? Todos podemos equivocarnos en mayor o menor grado durante nuestro trabajo, pero imprevistos del orden del 96 %, tienen en ocasiones otro calificativo que una vez más dejamos al albedrío del lector.

No obstante para no menoscabar la capacidad técnica del equipo profesional ejecutor, hago patente mi duda en el sentido de que importantes razones técnicas imprevisibles -siempre las hay- hayan influido en la redacción y aprobación de las modificaciones. Cabe incluso la posibilidad de los llamados “caprichos del último minuto” originados en decisiones políticas, que suelen ser frecuentes en La Casita de Papel de Oro, pero este es un extremo que desconozco. Mi duda se ve aumentada si interpongo la Ley de Contratación de las Administraciones Públicas y me pregunto ¿Hubo libre concurrencia o dedazo...? ¿hubo buena fe...? ¿cumplieron los plazos...? ¿aprobaron las modificaciones antes de ejecutar la obra o después de ejecutada? Como esta última pregunta no lleva puntos suspensivos la respuesta debe ser positiva: ¡Te he pillao con el carrito del helao! y lo que es peor, sin licencia.

Al parecer todavía no se ha recepcionado la obra a pesar del tiempo transcurrido y la diferencia entre el costo definitivo de la obra y las certificaciones de la UTE alcanza los 2.300.000,00 € que nadie aclara cómo, cuándo, dónde... dónde han ido de forma clara y transparente.  Hasta el momento solo sabemos de qué bolsillos va saliendo ese importe.

Prosigue mi paseo y sigue insistente el estribillo sonando por el parque de l'Aigüera:

¡Que felices seremos los dos!
y que bien vamos a gobernar
subiremos impuestos y tasas
y los vecinos se callarán,
y los vecinos lo pagarán.
Pagarán...

Llegados a este extremo del estribillo he de  reconocer que la letra tiene al menos un fallo ¡somos humanos! Los vecinos pagamos pero no nos callamos, seguiremos buscando posibles responsabilidades entre los perdidos y olvidados papeles del camión. Claro, en La Casita de Papel, de Oro.

Como decía en mi anterior artículo: ¡Si ya está claro!

José Antº Corachán Marzal









1 comentario:

  1. rrobo corrupcion sinbergonzoneria cuatreros estafadores y jentuza. santiago martin

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